
Otra vez se repite el trágico accidente, llegas y te encuentras todos esos botellines desparramados por el suelo, rotos, con un aroma penetrante invadiéndolo todo, como en la plaza del pueblo después de un día de fiestas o de botellón. Es la segunda vez en poco tiempo que me toca cubrir este lamentable expectaculo y da pena porque toda esa cerveza estaba destinada a repartir alegría en las fiestas veraniegas, tan fresquita y tan rubita, en fin, penoso accidente donde por suerte entre tanta víctima también se salvaron unas cuantas, que lamentablemente custodiaban los cuerpos de seguridad del estado y no, repito, no, no me lleve ninguna de recuerdo.

