
Las señales viarias vienen ahora como los huevos Kinder, con sorpresa. Al principio no sabia que era pero fijándome bien vi que era un caballito de mar trompetero y con manos, obra sin duda de una alegre factoría china, quien si no tiene tan buen gusto para esto de los adornos y los animales mitológicos. Después de unas fotos tomé el paraguas que llevo en el coche, estaba muy alto, y me lo llevé al periódico donde mi compañero, y sin embargo jefe, lo adopto pegándolo en su ordenador. Espero que no crezca. Por cierto, que la foto se la dedico a Alberto, experto en esto de señales viarias raras.